martes, 19 de junio de 2007




Tarde lluviosa en gris cansado,

y sigue el caminar.

Los árboles, marchitos.

Mi cuarto, solitario.

Y los retratos viejos

y el libro sin cortar...

Chorrea la tristeza por los muebles

y por mi alma.

Quizá no tenga para mí naturaleza

el pecho de cristal.

Y me duele la carne del corazón

y la carne del alma.

Y al hablar

se quedan mis palabras en el aire,

como corchos sobre agua.

Sólo por tus ojos

sufro yo este mal.

Tristezas de antaño

y las que vendrán.

Tarde lluviosa en gris cansado,

y sigue el caminar.


Federico García Lorca

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